En otras palabras, cuanto más culpables nos sentimos, más placer obtenemos al consumir un alimento que consideramos “prohibido”.
Los autores del estudio, que ha sido coordinado por Kelly Goldsmith, creen que la relación entre la culpa y el placer podría dificultar también el abandono de hábitos poco saludables como fumar o consumir demasiado alcohol.
@Culturizando
Fuente: radiomundial
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